sábado, 12 de diciembre de 2015

Fuera del mapa

La foto describe el paisaje, aunque no el contexto.

Caminamos un día desde Ushuaia por la costa del Beagle, pasando Estancia Túnel hasta Río Encajonado donde había abundante agua dulce, y un lugar protegido del viento oeste.
La tarde lluviosa era fría, pero finalmente mejoró, permitiendo encender un fuego para la lentejas con chorizo colorado que cenamos con placer. Pocas veces podemos disfrutar de un fuego en esta seguidilla de travesías por los glaciares y hielos patagónicos.

A la mañana siguiente cortamos camino campo a través (una constante en esta travesía) para ahorrarnos volver un par de km, y así enganchar el track del GPS que habíamos conseguido algún tiempo atrás.
Fue un día duro remontando un par de ríos, mucho bosque, vegetación cerrada. Nunca vimos marcas ni senda. Será porque no existe...

Sobre el final de ese segundo día, buscamos un lugar plano para poner las carpas, y preparar unos tallarines. Había mucho cansancio, y algo de frustración por lo lento del avance.

El tercer día nos encontró de buen ánimo, seguramente porque pudimos subirnos al turbal, identificar el valle correcto para caminar, y avanzar rápidamente sorteando los diques de castores.
Hasta que comenzó a nevar.
Pero veíamos, o intuíamos, el objetivo, y eso nos daba ánimos.
No sabíamos que había tres horizontes, y que cada vez que llegábamos a uno, seguía otro.
A media tarde llegamos al verdadero paso, rodeado de un circo, coronados por las cercanas cumbres del Cinco Hermanos y recorrido por un arroyo.

La superficie helada y nevada enmarcaba ese pequeño río, con sonidos de xilofón de cristal.
Me senté, al borde del arroyo para ver pasar el agua, un privilegio que pocos tenemos.
Raúl se sentó al lado mío, a compartir la vivencia. De a poco, Georgie, y Pablo se sumaron, y Marcelo los acompañó.
Nos quedamos en silencio, compartiendo un lenguaje común, sin palabras, por un buen rato.
Finalmente vino la propuesta: "si lo que queremos es vivir experiencias, porque no nos quedamos hoy acá?"
Dos dimensiones son las que nos preocupan en estos momentos: el entorno inmediato con las montañas, el clima, el hielo, el fuego, y la otra dimensión que son nuestros afectos. Todo se concentra, y se potencia.

Un rato más tarde las carpas estaban armadas y ancladas al hielo ya que por un momento una ráfaga impresionaste nos robó una de ellas, llevándola en instantes a doscientos metros de distancia.

Hacían 12C bajo cero, pero además había fuertes vientos. Y nevaba.
A pocos días del solsticio de verano, Tierra del Fuego puede mostrar este clima.
Una sopa caliente preparada dentro de una carpa ayudó a engañar el estómago. Demasiado cansancio para otra cosa. A la bolsa, y a dormir, con una sonrisa cómplice.

Fue una noche helada en la carpa, con sensación técnica de menos 20 grados afuera. Encerrado en su bolsa de duvet, cada uno esperó al amanecer para reconocerlo. Pero el equipo estaba preparado para eso, en todo sentido.


Desayuno caliente, desarme y a caminar.
Y caminamos horas por el bosque, sorteando centenares de árboles caídos, castoreras, y cruces de arroyos.

El descenso por una garganta helada, rodeada de piedra vertical negra contrastaba con la abundante nieve recién caída durante la noche.
Llegamos a una cascada, con estalactitas de hielo. Un paisaje único.


Sobre el final del día caímos a un camino embarrado que, como era de suponer, no figura en los mapas. Casi un par de horas más tarde, llegamos a la ruta 3, cerca del Cerro Castor.
Era regresar al mapa, volviendo del borde del mundo, ese lugar donde se ven las cabezas de las tortugas, que todos sabemos, sostienen la Tierra.


Mike, mobile.











miércoles, 9 de diciembre de 2015

Verano en Tierra del Fuego

Anoche, cerca de la cumbre del Cinco Hermanos, nos quedamos a disfrutar del paisaje.
La calidez del grupo compensó los 12C bajo cero.
Además, sopló mucho.

Estuvo bárbaro!

Mike, mobile.

martes, 2 de diciembre de 2014

100 Km de kayak en Chubut

Hay una corta pasarela colgante sobre el río Carrileufu a metros del lago Cholila. En esa curva del río dónde habíamos llegado la noche anterior junto con Raúl, Pablo, Marcelo y Georgie, nos embarcamos.

Hace un año que lo programamos, y venimos practicando y organizando desde hace meses.
Que paisaje!  Los lupinos en flor con degradé de violetas alternando con retamas amarillas , una constante a lo largo de los primeros 27 km del serpenteante río, adornan la postal de los cerros y árboles que corren a nuestro lado.
Dos kayaks dobles ( Marcelo y yo en uno, y  Raúl y Georgie en el otro)  nos permiten filmar con facilidad. Aunque Pablo, que va en un single, no se hace problema para hacerlo.
En algún momento paramos a tomar mate al solcito, y más tarde a almorzar en una pequeña playa de piedras chiquitas a pleno sol.
La corriente a favor ayuda a avanzar con muy poco esfuerzo, aunque el viento hace de las suyas.




Nada comparado con el segundo día, en que el viento sopla con ganas, haciendo corderitos ( olas con cresta blanca)  durante la mayor parte del día en que recorremos el Lago Futalaufquen. Eso sí requiere de un esfuerzo adicional de control en cada barrenada de cada ola, a lo largo de unos 26 km del lago.
El día comenzó remando el Lago Verde (curiosamente con viento el contra), pasando debajo de la emblemática pasarela, símbolo turístico del parque Los Alerces, para luego bajar por el río Arrayanes, viendo nutrias, truchas e incluso un par de personas. Pensé que éramos los únicos dentro del Parque Nacional ! Fueron 4 km, incluidos dentro de una postal tras otra. El fondo de piedras pasa rápidamente bajo nuestros kayak en aguas de tonos caribeños, pero con temperaturas magallánicas.

Paramos para el mate, excusa para acomodar algo, y almorzar,  otra excusa para charlas abiertas.
Me pasé al Kayak single, sabiendo que requiere más esfuerzo que los dobles. Y disfruto como un chico sobre las olas.
Me asaltan los recuerdos de una bajada del Río Limay en kayak doble con mi hermano, y los chicos del Balseiro, hace solamente 30 años. Y las historias de mis abuelos, que se tomaban el tren río arriba, para armar su Klepper ( kayak desarmable de madera y tela ) para bajar el Danubio, recorriendo Austria, Hungría hasta el más allá. 
Cuando finalmente arribamos a la costa de villa Futalaufquen, llevábamos como 5 horas remando. Agradecí cada consejo de Sergio de Kayak Escobar sobre como mejorar la remada en esas condiciones.
Ya en el campamento, a la luz del fogón y tras haber cenado, apagamos los celulares (primera vez en tres días en que los encendimos)  para vernos inmersos en plena vía láctea, con una estrella fugaz incluída.

No tengo idea como seguirá la semana : las piquetas y grampones esperan la parte de escalada en hielo, pero es la meteorología, entre otros, quien define nuestro futuro cercano.
Si solamente nos permitiera quedarnos charlando con unas tortas fritas junto al fuego, aún así sería una semana ganada en nuestras vidas.




Tercer día de travesía :
Decidimos hacer un cambio de planes, sugerencia de Carlos, nuestro guía, para remar el brazo del Futalaufquen que lleva al lago Krügger. Pasamos el mítico estrecho de los Monstruos y nos vamos al fondo del lago (no a las profundidades sino la costa lejana, donde nace el río Frey).
Almorzamos en la playa, con siesta obligada para algunos, mientras otros exploran la naciente.
Luego, con ola y viento el contra, nos acercamos al estrecho para remarlo corriente en contra, volviendo al Futalaufquen.
Raúl lleva el single sin problema de ida y vuelta. La verdad, el esfuerzo en dobles es claramente menor.
Sin parar, regresamos a punta Matos, de donde habíamos partido a la mañana. Un éxito!




Inventamos un cuarto día de travesía en Kayak, descartando la parte de escalada en hielo, basándonos en el pronóstico meteorológico. El tiempo nos daría la razón.
Así que armamos los botes muy cerca de la represa, ya sobre el río Grande, que cruza la frontera con Chile y se llama Futaleufú del otro lado. Sabemos que es una de las mecas mundiales del rafting de aguas blancas.
Pero este último recorrido termina justo antes de la frontera, y antes de que se acabe el mundo, donde los rápidos meten miedo a los más valientes.



Paleamos una mitad con música en los auriculares y pescando, relajados y charlando, como preludio a una segunda mitad  con tanto viento en contra, que los Kayaks retrocedían en el río si no poníamos nuestro mejor esfuerzo y técnica. La elección de la táctica dependía de la dirección del viento en cada meandro, de la profundidad e intensidad de la corriente, para optimizar el avance.
Finalmente, con mucho esfuerzo y bajo un cielo gris intenso, llegamos al punto final del recorrido. Georgie está agotado, ya que el fue quien usó el single.



Él cena dos gigantescos platos de fideos, y después me pide un poco más de mi porción.
Fueron más de 100 km de charlas profundas, intensas, divertidas, de trabajo en equipo sin esfuerzo, con un marco de montañas, bosques, flores y aves.
Hace más de 10 años que nos juntamos para una salida anual a la montaña, y siempre es un placer, un desafío, y un éxito.  Le ponemos entrenamiento y preparación, y tenemos el apoyo en nuestras casas.
Tenemos suerte, y lo sabemos.
Y por todo eso, damos gracias.

Mike, 

Pd: último día :
Nos escapamos con Flavio, el hermano de Marcelo que vive en Esquel, para que me muestre '"su" laguna, donde se escapa durante los mediodías para desenchufarse, remando 8 km en un entorno de bosques, montañas y juncos. La laguna La Zeta es un lugar lindísimo, a solo 10 minutos del centro.
Nos bajamos del auto y recojo algo de basura para acercarlo al tacho que rebalsa. Charlo con alguien que pasea a sus perros. La conversación incluye obligadamente la basura, y luego educación, reciclado, gestión municipal, materiales de construcción, etc., Lo típico entre desconocidos.
Y luego dice, parte pregunta, parte afirmación, "vos sos de acá...."
Sonrío con el alma.



domingo, 23 de noviembre de 2014

Nos vamos !

Y con este pronóstico, nos vamos.


Las imágenes que nos motivaron a esta nueva travesía fueron



Nos vemos a la vuelta !

miércoles, 22 de octubre de 2014

Disfruntando de un día de curso en el Correntino y Paraná,
Falta un mes para la salida !

domingo, 1 de diciembre de 2013

Pico Argentino

La hicimos. Esta vez, vemos la cima del Pico Argentino del Tronador desde el refugio Meiling, mientras se cubre de nubes con la alegría de haber hecho cumbre.
Es satisfacción,orgullo, fruto de muchas cosas incluyendo la suerte. Pero sabemos que hubo planificación y entrenamiento. Y testarudez, ya que quisimos hacerlo el año anterior pero la meteorología no lo permitió.

Salimos el domingo de Baires y subimos al Refugio Meiling por el bosque. Ya desde un rato antes de dejar atrás la vegetación el piso se cubrió de nieve. Se nota que este año nevó más, y más tarde. El final de la subida estaba buenísimo, con un paisaje blanco muy distinto al de la roca pelada del verano.
Aprovechamos el lunes para descansar e hidratarnos mientras llegaba Georgie, que venía un día detrás nuestro. Seguimos entrenando, esta vez con mochilas de 23 Kg  y 1000 de desnivel, a pesar de habernos levantado al alba y que a la puesta del sol seguíamos subiendo.

Así que preparamos nuestro equipo de escalada, charlamos con Craig y Juanjo sobre el día siguiente y nos fuimos a dormir temprano.

A las 3 nos despertamos ( en realidad a las 12 y media me había despertado y con los ojos como huevos fritos esperaba la hora de partir. Ansiedad ? ) desayunamos, equipamos en plena oscuridad en el frío bajo cero de un día prometedor, y partimos hacia arriba, hacia un mar de estrellas.

Paso a paso, tramo a tramo, subimos evadiendo las grietas que se dejan ver. Las otras, en parte las adivinamos, y en parte las negamos en nuestras mentes. Si no lo hiciéramos, no podríamos subir.

Juanjo lidera una cordada, seguido por Marcelo, yo y Pablo que cierra. Va aclarando y sé lo que sigue: el Trona, ambas cumbres visibles - Internacional y Pico Argentino- se tiñen de rosa, naranja y fuego.

La otra cordada, que guía Craig seguido por Georgie y Raúl, en algunos momentos va paralela a la nuestra. Quizás hacemos algún comentario, pero el ritmo de la subida no nos permite hablar mucho. No es que la falta de oxígeno sea importante, pero a 3000m de altura, se comienza a notar la diferencia.


Paramos varias veces para desabrigarnos en un día que promete ser despejado con un cielo azul profundo, sin polvo ni smog. No hay contaminación, ni llamados, ni Whatsapp. Llevamos todo con nosotros, nuestros afectos y pasiones, los recuerdos y proyectos.

Yo estoy feliz, viendo la la cumbre del Filo de la Vieja, y a mi hermano frente a mí, unidos por nuestra cuerda, ahora imaginaria.

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Hacia la Depresión subimos rápidamente, aunque nos desgasta físicamente. Sabemos que es un día de 1400m de subida, y otros tantos de bajada, y seguimos parando para desabrigarnos o para emparchar un rozamiento que no queremos que se transforme en ampolla.
Nos quedamos en remera. Insólito, como negar el calentamiento global viendo como desaparecen los glaciares que recorremos año tras año.

Almorzamos muy cerca del col (collado) a un metro de unas fumarolas sulfurosas. Es como elegir almorzar en la costa del río Reconquista. No fue la mejor idea.

Nos preparamos para el ataque a la cumbre, la parte técnicamente más difícil. Este año, la pared Sur, que tanto Pablo como yo hemos subido en el pasado, parece aún peor. De hecho, la "normal" tiene lo suyo, expuesta y mixta,  muy empinada y con caída hacia una grieta sin fin. No hay simpáticas descripciones de los tonos de azul de las grietas : no queremos ni saber sobre los colores de sus paredes ni cuan profundas son.

Y tras algunos pasos con relevos, llegamos todos a la cumbre.

Como tantas veces en la vida, no es la cumbre en sí lo que importa, sino el camino recorrido. Y lo que queda por recorrer. Y no es metafórico sino real.
Le digo a Mer por teléfono : "ahora falta la otra mitad".









La bajada es más espectacular que la subida, y comenzamos a regresar tras los festejos y descanso en la cumbre. Sí, hubo abrazos, fotos, un par de llamados a casa y hasta algún insólito Whatsapp.
 (click para ver el video ===>  )


"En el aire" describe la velocidad con la que descendimos una vez que terminó la parte difícil. A las zancadas y sin parar perdemos altura a increíble velocidad.

Ya debajo del Filo de la Vieja, el Sol, que nos abrasó todo el día, hizo estragos en la nieve. Cada paso nos hunde casi hasta la rodilla, lo que nos obliga a un esfuerzo importante. Me cansé. Los últimos kilómetros hasta el refugio son interminables. Ni pienso en contar pasos, me niego. Agotado, mi amigos me hacen pata porque saben -en carne propia- que me quedé sin pilas. No es grave, porque no tenemos que armar carpa ni pared protectora, y no tenemos que encontrar el lugar. Las condiciones fueron óptimas y eso ayudó al éxito de la etapa.

Festejamos con abrazos, cena y yéndonos a dormir temprano.

Un merecido día de descanso nos permite evaluar la siguiente etapa ( la idea original era ir al Viejo Refugio Tronador ) que nuevamente queda para otro año, En vez, decidimos cruzar el glaciar hacia el Refugio Rocca en el Paso de las Nubes. Dicen que ahora le funciona la calefacción. Será cierto? Allá vamos !


A la salida del sol del jueves emprendemos la marcha sobre nuestros grampones en dos cordadas.Con las nubes apenas debajo nuestro, vemos el paisaje mutar de surrealista a inexistente, a medida que nos adentramos en una densa cortina blanca. Pero llegamos a disfrutar el cruce del glaciar. Ya dentro de las nubes descendemos por nieve y finalmente piedra hasta el Rocca.

Ahora sí constatamos que el generador hidroeléctrico funciona, y con él, la calefacción.

Compartimos una picada entre todos, incluyendo que soplo las velitas de cumpleaños que Mer me consiguió antes de partir. La convocatoria, enviada seis meses antes, había sido clara:

los invito a festejar mi cumpleaños (49). el 28 de noviembre próximo.
La cita es en la cumbre del Tronador.
Después nos vamos al Ref. Viejo, o volvemos al Meiling, dependiendo de cómo esté la nieve.

Quién se prende?


La muchadada, como siempre, tenía los pasajes comprados al día siguiente.

Y Mer, lejos de enojarse porque no iba a estar en casa para mi cumpleaños, se alegra que viva unos días de montaña con amigos, como lo venimos haciendo hace 10 años.

Ahora quiero volver a casa y abrazarlos, para contarles todo. Y abrazarlos de nuevo.

Disfruto de la montaña, de compartirlo con mis amigos, de los recuerdos viejos y de los nuevos. Me siento en casa.

Y ya estamos planeando la siguiente.

Mike.
Paso de las Nubes, 28/11/2013

sábado, 30 de noviembre de 2013

Más que contentos!


Ya regresamos a Bariloche, muy contentos y entusiasmados.
Iremos preparando las fotos y videos ( algunos sin desperdicio ) para compartirlo con nuestra gente, que nos siguen en este blog.
Nos vemos pronto!

domingo, 16 de diciembre de 2012

Desde Pampa Linda


Me quedé con ganas de más.

Nos quedamos tres noches en el nuevo refugio Rocca, debido a  la tormenta.
Por suerte la nevada llegó después de haber hecho vivac al pie del glaciar Frias, de donde habíamos llegado el día anterior.

Un día el refugio Rocca tendrá la esperada usina hidroeléctrica, y los calefactores serán algo más que piezas de decoración... Y la temperatura será algo más que la de la heladera de mi casa.
Cuando el clima comenzó a mejorar, y sabiendo que era una corta ventana de solo unas horas, nos eyectamos del refugio, subimos y cruzamos el glaciar.
Fue la mejor parte de la salida...íbamos conscientemente disfrutando de cada paso, del paisaje que se abría entre las nubes, de prestado, de la única forma que entendemos nuestro paso por la naturaleza.


La cordada avanzó rápidamente, generando destellos de recuerdos de hielos pasados y promesas de nuevas rutas hacia el futuro

Un apretón de manos y un discreto pero sincero "gracias "  fue el fin de la travesía, a un centenar de metros del refugio Meiling.

Luego el clima se cerró con mucho viento, frío y nevada.
La travesía al viejo refugio Tronador y el pico Argentino quedarán para la próxima.
Estamos contentos, agradecidos y, sin duda, nos queda pendiente algo para el futuro.
Y eso es bueno.

Pampa Linda, dic 2012

domingo, 9 de diciembre de 2012

Fwd: Nos estamos yendooooooo al Trona !

---------- Mensaje remitido ----------
De: "Pablo Seltzer" <pablo.seltzer@****>
Fecha: dic 9, 2012 10:11 AM
Asunto: Nos estamos yendooooooo al Torna!
Para: <****@bkogger.com>
Cc:

lunes, 3 de diciembre de 2012

cruce de e-mails

From: "Florentina" <****@****.com.ar>
Date: Thu, 29 Nov 2012 10:24:07 -0300

…..más que buen lugar para evadirse, yo diría buen lugar para que no sople el viento!!!!
Buen año Mike!
Quienes viajan?
Dónde van?
Cuándo vuelven?
Coman bien y compartan las fotos!!!!!
Baccios!!!

---------- Forwarded message ----------
2012/11/29 "Jorge Eckstein" <*****@*****.com>


....si hay viento tambien se pone divertido....

A nuestro regreso siempre mandamos fotos floren....not to worry...

Bso


---------- Forwarded message ----------
From: Mike Karplus <****@****.com.ar>
Date: 2012/11/29


El concepto de divertido de nuestro amigo Georgie es, como mínimo, discutible.

Creo que quiere decir challeging, frightening, worrying.
Con 100Km/h se pone muy complicado caminar, las carpas comunes se hacen jirones, la sensación térmica se desploma. No se te ocurra perder un guante o los anteojos.

Sigo, año tras año, tratando de descifrar la fascinación que nos generan estos destinos.
El desafío es claramente nuestro móvil.
 
El grupete de montaña lo hemos ido armando a través de los años, gente que disfruta de la naturaleza, que ha sabido enfrentar los momentos difíciles de buena forma. Las conversaciones no tienen desperdicio.
 
Me llevó muchos años entender que cada uno quiere llevar "algo" fuera de libreto: una armónica, un molinillo de pimienta, una buena cámara de fotos, exageradas cantidades de equipos de comunicaciones. En una expedición donde se contabilizan los gramos ( llegando a cargar 30Kg por mochila ), parece insólito permitir estas transgresiones.
Pero son justamente esas las que hacen la diferencia, las que nos definen, las que nos transportan.
 
Imaginen el mejor paisaje del mundo, con la satisfacción de haber llegado tras días de esfuerzo y meses de entrenamiento, condimentado con la música de _____ ( fill in the blank ). Es el chimichurri de la vida. Quién se atrevería a negar un reproductor de música?
 
Algunos partimos mucho antes del vuelo del domingo 9, y una semana más tarde nos traen de regreso, aunque nuestras mentes sigan evadiéndose por el sur.
 
La exploración de nuestro interior se logra de muchas formas.
Ésta es la nuestra.
 
Mike
 
PD: menú:
arroz, polenta, fideos, atun en sobre,  frutas secas, chocolates, turrón blando, hongos y tomates secos, sopas, granolas, frutigran, salames, quesos, nesquik, capuccino, canela en rama. Algún power gel. Ninguna lata.

 

sábado, 24 de noviembre de 2012

viernes, 19 de octubre de 2012

Planes 2012:

En el video que sigue, están los planes de la próxima salida.


Esta vez, la idea es unir los tres refugios del Cerro Tronador, comenzando por el Lago Frías, luego Refugio Rocca, Refugio Meiling, Viejo Refugio Tronador y Pampa Linda.
Apuntamos a la segunda semana de diciembre, y estamos preparándonos para eso.



domingo, 11 de diciembre de 2011

Día 3 : ingenuidad

Con las botas de trekking avanzamos sobre las piedras, bordeando el lago que nace al pie del Glaciar Marconi. Llevamos dos días haciendo la aproximación a la base del glaciar; el primero desde el puente sobre el río Eléctrico hasta Piedra del Fraile ( aunque en realidad partimos de Buenos Aires a la mañana, casi sin haber dormido ); el segundo, remontando el río hasta un vivac pasando La Playita que nos acerca algo más y descomprime la exigencia del día 3. 

Mientras caminamos, estudio la manera de montarnos sobre el glaciar, tratando de encontrar la mejor forma, ya que quiero evitar los paredones verticales de la margen derecha, y las grietas de la izquierda. Curioso: este año tiene pinta que el medio es lo mejor, y el agua del lago no llega a tocar el hielo, así que allá vamos.
Grampones, piquetas, arneses. Nos montamos, comenzamos a subir. Nos encordamos enseguida, establecemos protocolos y roles claros para cada uno, y avanzamos subiendo.
Raúl encabeza, cuidando cada paso, eligiendo cómo sortear grietas o incluso piedras. Georgie establece la dirección general munido del GPS. Yo llevo la ferretería de rescate en grieta, contando con que Marcelo me haga de ancla, llegado el caso.


Subimos paso a paso; cruzamos un interesante río sobre el hielo que parece un tobogán de parque acuático, aunque dudo que tenga un final feliz; almorzamos discretamente sobre una piedra plana del tamaño de un auto que el glaciar transporta a velocidad imperceptible hacia el lago.
La pendiente se acentúa a 45º. Subimos en zig-zag, hasta unas grietas infranqueables, al menos para nosotros. Nos montamos a unas rocas lisas, inclinadas, gastadas por la erosión milenaria del hielo. Cambiamos el calzado –las botas técnicas no nos ofrecen seguridad para esta etapa- y ganamos otros 100m de altura rápidamente.
Apuntamos a trepar 1000m de desnivel el día de hoy, y cada 100m cuentan ( ¡ y cuestan! ). Cambiamos por raquetas sobre la nieve, inclinada lo suficiente como para obligarnos a hacer zig-zag al menos por otros 100m de altura; luego, seguimos hacia arriba, siempre hacia arriba, pero claramente hacia el Horizonte Blanco.
¡Qué prepotencia la nuestra, querer llegar al horizonte! ¡Qué ingenuidad!
Pasos, pasos, no se llega nunca. Un cansancio demoledor … y seguimos subiendo.
La cuerda se tensa cada rato: significa que alguno detona un descanso, que todos quieren, y que nadie se anima a pedir. Es un improvisado lenguaje sin palabras, con tirones de la cuerda o miradas, que pasa a través del viento y no requiere respiración, pero muy claro en su significado.
Cada uno confiesa –horas más tarde- haber contado los pasos, multiplicado los minutos, dividido los metros, triangulado el refugio.
La cuerda nos une, nos da ritmo, nos impide sentarnos sobre la nieve para decir “muchachos, no doy más, sigan sin mí…” 
No hay resto para pedirle nada a nadie.
Y sopla el viento, frío, que el pasamontañas intenta mitigar…
Marcelo sale sorteado y mete su pierna en una grieta. Sale y mete la otra, un metro más adelante. Recupera raqueta y guante. Escribe Marcelo "la naturaleza nos deja caminar por su territorio pero nos avisa de que esta ahi, cruda y hermosa..."

Nada me prepara para este nivel de cansancio: una maratón me llevaría 5 ½ horas, pero llevamos 11 hs con mochila de 30 Kg. Y en la maratón no tengo que navegar la ruta, evitar las grietas o adivinar la posición del refugio. Ruego por que no siga empeorando el clima, que no es malo, pero que encrudece la experiencia con frío y viento fuerte.
Pasos.
Opinamos sobre la posición en la que debiera estar el refugio, y finalmente lo ubicamos.
4 Km: pasos, silencio, respiración. Se escuchan los pensamientos.
3Km: subida, más pasos. Los descansos se hacen más frecuentes. “Vamoooos!” grito tras cada parada, tratando de autoconvencerme.
2Km: desaparece el refugio, pero sabemos dónde está. Pasos. No se termina más. Mucho frío
1500m: caminamos, es desesperante. Nos separa una loma de no más de 150m de altura. Nunca nos sentamos. Los hombros sienten el peso de las mochilas que cargamos.
Pasos. 1000m para llegar. Queda la incógnita sobre si el refugio estará abierto o cerrado con candado, para evitar los desmanes del pasado. Llevo una hoja de sierra, por si acaso. Es un doble o nada. No nos quedan fuerzas para armar un vivac, carpa y muralla protectora, con este nivel de agotamiento y el viento que sopla, frío.
Faltan 500m. Pasos. El entrenamiento no fue suficiente: una hora y media en Baires con bici y fierros no se compara con 11 hs y 1000m de desnivel. Nos equivocamos.
Pasos. 300m. Es una batalla mental. El cuerpo hace rato que dejó de responder y funciona en automático. Es interminable. Lo único que quiero es llegar, meterme en mi bolsa de dormir y tiritar tranquilo a la espera de que algún alma caritativa derrita nieve y me prepare una taza de té.
100m, y no podemos hacerlos sin hacer una parada más. Pero llegamos.
Claramente, el mayor esfuerzo de nuestras vidas.
Sin dudas, el mejor lugar en el mundo. 

final del relato

Día 4 : paraíso

Ya recuperados del esfuerzo del día anterior, nos preparamos … para no hacer nada. Durante la cena habíamos decidido pasar un día completo en el refugio y alrededores, aprovechando lo que suponíamos iba a ser un día de buen clima. El problema era que, según el pronóstico del NOAA, se avecinaba una tormenta importante, y no queríamos estar a la intemperie en el campo de hielo –probablemente en el Circo de los Altares- cuando nos pegase de lleno.

No fue fácil convencerlo a Marcelo que el paisaje allí era incluso mejor que en el Circo. Con la tranquilidad de ya haber estado allí, Raúl, Georgie y yo tratábamos de calmarlo.
De HB 2011 mejores 100


Así que dormimos sin despertador sobre unos majestuosos colchones nuevos que el refugio nos ofreció. Tras el desayuno, caminamos, disfrutamos del paisaje, almorzamos, escuchamos música, charlamos, nos reímos, jugamos al truco y seguimos disfrutando del paisaje.

El barómetro confirmaba la tormenta que se acercaba.
De HB 2011 mejores 100


Día 5 Infierno (pero frío)

La tormenta pegó con toda la fuerza que suele tener en el campo de hielo. Cuando el termómetro bajo a -18C, dejé de consultarlo : hacía frío y se sentía, incluso dentro del refugio –que no tiene calefacción- . Era como estar dentro del freezer. Durante un rato caminamos por el interior, para entrar en calor. Lo siguiente hubiera sido meternos dentro de las bolsas de dormir, o armar la carpa dentro del refugio, pero no hizo falta.

Durante un instante me asusté profundamente, cuando un ruido de golpes me hizo pensar en un escenario de rotura de riendas, voladura del refugio, incluyendo nuestro equipo para sobrevivir. La oscuridad a pleno día tiñe de miedo cualquier situación. Me asombra cómo los cambios en la iluminación hacen que cambie el ánimo con tanta facilidad.

De HB 2011 mejores 100
He vivido tormentas de nieve de 6 días seguidos, y sabiendo que teníamos comida para unos 8 días en total, me encontré inventariando los víveres del refugio. Resultó que había comida para un mes, aunque combustible para solamente una semana. Y hace falta combustible para derretir nieve, ya que cuando la temperatura del refugio baja de cero, no se derrite ni siquiera estando adentro.

Día 6 Transición

Amaneció despejado. La tormenta terminó durante la madrugada. Esa vez el pronóstico fue exacto, y nuestra decisión de pasar la tormenta en un lugar seguro fue la correcta.

De HB 2011 mejores 100
Pero había que emprender el regreso. Así que armamos nuestro equipo, nos encordamos, y con las raquetas puestas caminamos durante horas hacia el horizonte. Botas de trekking durante la parte de roca, grampones durante el hielo, caminata sobre el glaciar, y luego tierra firme, donde aparece el agua líquida. Horas más tarde aparecen los primeros musgos y líquenes, incluso algún pajarito. En la playita armamos nuestras carpas y tras cenar, nos fuimos a dormir.

Día 7 Regreso

Una larga caminata nos lleva a Piedra del Fraile y finalmente a la ruta, donde tenemos cita con un transporte. Luego nos tocan duchas, brindis, cena, apuntando a volver a la ciudad al día siguiente. Cuesta un poco, a pesar de que no es instantáneo, volver a Buenos Aires. Nos anima volver a los afectos, contar las historias, compartir las fotos. Pero la mente y el alma siguen vagando por el Hielo, buscando la eternidad.

Nos preguntamos mil veces, qué nos lleva allí ? Por qué el Hielo? Porque quiero verlo antes que se derrita. Porque nuestro espíritu de aventura nos lleva donde –casi- nadie fue. Porque necesitamos adrenalina, desafíos, paisajes, una excusa para motivarnos durante todo el año. Porque nos gusta, desde lo básico de nuestras almas.

Mike Karplus
De HB 2011 mejores 100

viernes, 9 de diciembre de 2011

Llegamos a El Chalten

(Escrito el jueves 8-dic-2011)
Mientras cenabamos el cordero de rigor, nos asombrabamos: pensar que ayer estabamos en los Hielos...
Y brindamos.
Muy de a poco nos vamos preparando para el shock de volver a Buenos Aires.
Son los afectos los que nos acercan, y la abrumadora cantidad de mails lo que nos asusta. Por suerte, la conectividad en Chalten es "limitada o nula".

Vamos a casa

Mike, mobile

domingo, 4 de diciembre de 2011

Capítulo II

El siguiente capítulo lo escribí antes de partir:

1969 fue un año increíble.

El día más corto del año, nació Mercedes, mi esposa. Recordamos cuando nos encontramos, en 1986, en el filo del Catedral, en “Cancha de Fútbol” -una planicie a 2000m de altura rodeada de las torres del Catedral- . Ella venía del Refugio Frey, y yo del lago Moreno. A partir de allí, seguimos juntos, hasta el día de hoy.

Unos pocos días después del nacimiento de Mercedes, dos hombre se posaron sobre la luna y caminaron sobre ella.

Y unos meses después, el equipo de la Patrulla Soberanía de la Fuerza Aérea llegaron a una meseta sobre la Antártida, y con sus picos alisaron el permafrost -suelo congelado mezcla de piedras y hielo- para que al final de tres meses de trabajo, quedara habilitada la pista de lo que hoy es la Base Marambio.

Suena raro que después de haber llegado a la Luna, la exploración de la Tierra no estuviese ni remotamente terminada, no?

El entonces suboficial Luján fue integrante de del equipo de personas que trabajaron para alisar la superfice helada.
Unos meses antes de partir hacia la Antártida, hizo su primer iglú detrás de los filos del Cerro Catedral, hacia el valle del Rucaco. Cuenta Luján que salió muy bonito, hasta que la lluvia lo derrumbó. Obviamente, no estaba previsto que lloviera en la Antártida.

Hoy, el Dr. Juan Carlos Luján, es el alma mater del Museo Antártico Fundación Marambio en Villa Adelina. Y fue él quien nos contó las historias y nos mostró hace justo un año las posesiones que tienen en ese pequeño museo.

Incluía una taza de te Villeroy & Boch, encontrada en el campamento donde Nordenskjöld pasó el invierno ( junto con el Alférez Sobral y el resto de cientificos ) mientras en la Argentina grande se ponía a punto la corbeta Uruguay para una expedición de rescate de renombre mundial.

Irizar comandó esa expedición -mucho antes de ser Almirante-.
En su honor se nombró al rompehielos que encabeza la campaña antártica argentina, un rompehielos que hoy está en plena refacción tras un feroz incendio.
Ese rompehielos fue fabricado por un consorcio finlandés, el mismo que fabricó las juegos de mesa Arabia en los que comemos en casa todos los días, importados por la empresa familiar que también importaba Villeroy & Boch.

El hielo genera historias...

viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo I

El siguiente capítulo lo escribí antes de partir. Como no tenemos forma de pasarles noticias más que por el localizador satelital Spot, les envío lo que escribí.

1982 fue un año  fuerte.

Pasaron muchas cosas que nos marcaron en lo profundo, como país, como familia, como individuos. Algunos recordarán el punto de inflexión en la música nacional, otros en lo político, otros en lo económico. Todos recordamos la guerra.
Para mí, el año comenzó con un campamento Scout en Bariloche que incluyó una travesía desde el Cerro Catedral , Refugio Frey, valle del Rucaco, Refugio Jakob y vuelta al campamento.
También una subida al refugio del Cerro López y travesía al refugio de Laguna Negra.
Lo pasamos bárbaro, siempre con buen clima, aún cuando lloviera. Eran campamentos de 3 semanas, bastante multitudinarios. Esa vuelta éramos 64 entre chicos, dirigentes y ayudantes.
Al terminar el campamento –donde asistieron mi hermano y hermana en calidad de dirigentes- nos enteramos que los planes familiares de juntarnos en Bariloche para recorrer la Patagonia se habían aguado: la mala situación económica obligaba a mis padres a quedarse trabajando en Buenos Aires. La empresa familiar, importadora de artículos europeos de bazar y regalos como porcelana Villeroy & Boch y juegos de mesa finlandeses Arabia , no escapaba a los vaivenes de la economía local.
Pero nos dieron la opción de quedarnos unos días por nuestra cuenta, que rápidamente mi hermano  y yo aceptamos.  Pedro, con 18 años, tenía un mes antes de entrar al servicio militar obligatorio, y yo –con 17- algo más para comenzar mi último año en el colegio secundario.
Nos fuimos a Pampa Linda, y junto con dos personajes de Comisión de Auxilio, hice mi Curso de Hielo en los Ventisqueros Negros, al pie del Cerro Tronador.  Fueron un par de días en los hielos que –en esa época- llegaban cerca del mirador al que se accede con auto. No fue tan completo como el curso del Club Andino Bariloche que Pedro había hecho, pero estuvo bueno. Asado, vino en damajuana y curso. En ese entonces el curso del CAB se daba cada dos años, y creo recordar que ese año no tocaba.
Al día siguiente, ya solos, subimos al refugio Meiling, rodeado de dos glaciares colgantes. Apenas comezábamos a subir cuando le largó a llover, y siguió hasta transformarse en nevada. Llegamos en los mismos pantalones cortos  y remeras que teníamos al comienzo de la subida,  porque no queríamos mojar nuestra escasa ropa seca.  En cuanto arribamos, nos secamos, pusimos ropa seca y nos metimos en las bolsas de dormir para entrar en calor.
El refugio, tenía apenas una década y era un lujo en ese paraje: dos enormes habitaciones con unos 40 colchones uno pegado al otro y dos niveles en la planta alta, y un gran estar con cocina en la planta baja. El WC estaba afuera, estratégicamente ubicado sobre una fuerte caída vertical. Tenía ventanas de vidrio, pisos e incluso una doble puerta.
Teníamos comida para tres días, y nuestros pasajes de regreso en bus a Buenos Aires. Algo de efectivo nos había sobrado como para comprar 4 combos de Mc Donald´s, pero lo necesitábamos para Bariloche. No había más plata ni provisiones, pero había buen ánimo.
Era muy curioso que el refugio estuviera vacío, excepto por los refugieros  ( cuidadores ), Aldo y Johnny. Normalmente hay 20, 30, 60 personas. Incluso el protocolo dice que hay lugar exactamente para todos los presentes, lo que en un lugar de 80 m2 no deja mucho espacio disponible. Pero la idea es clara: nadie queda afuera durante la noche o en una tormenta.
Pero esa semana, el refugio estaba vacío. Y hacía frío. A 2000m de altura, no hay vegetación ni remotamente cerca, ni calefacción posible. Y tampoco había calor humano.
Jugamos al truco -con los guantes puestos y metidos en las bolsas de dormir-, al comienzo por placer, luego por comida. Cada vez que ganábamos, comíamos. Cuando perdíamos, doblábamos la apuesta y volvíamos a jugar. Gran juego el truco! Agradezco los recreos del colegio y a Eduardo Berti -compañeros del micro Nro 1 de Cholo - que me enseñó. Dudo que se acuerde, pero yo sí.
Al 4to día de tormenta apareció un contingente de la Escuela Militar de Montaña. Eran unos 60 en total, con algunas mulas, equipo y comida, mucha comida. Preparaban una gigantesca olla, y al terminar nos decían : “chicos, si quieren, sírvanse”.  Quedaban 10 porciones, que dividimos prolijamente en dos.
Recuerdo que se robaron mi tenedor. Será por eso que “no llevo tenedor” es un leit motiv mío en la montaña? Como represalia, les robé 5 Kg de dulce de membrillo. Duró poco. No guardo rencor por el tenedor.
Al promediar el 5to. día terminó la tormenta y salimos a caminar. Encontramos una bolsa de arpillera con un puñado de arroz en el fondo, tirado cerca del refugio meteorológico. Fue la cena.
Pero esa tarde, cerca  del Filo de la Motte rescatamos un cachorro de ovejero alemán que se había caído en una grieta, mientras acompañaba al contingente militar que había partido hacia Paso de las Nubes.  Habíamos visto sus huellas mientras subíamos por la nieve recién caída, y era claro que entraban a la grieta, pero no salían.
Ellos eran 60 y estaban equipados, y podrían haberlo sacado. Pero nos tocó a nosotros, y lo hicimos con gusto. El cachorro estaba visiblemente asustado, y con algo de sangre en sus patas. No fue fácil convencerlo de salir, pero mientras Pedro me daba seguro, me metí en la grieta y lo rescaté. Hubiera querido llevarlo a mi casa, pero la vuelta en micro lo tornaba impensable.
Aproveché el final de la tarde para sacar la cocina completa a la intemperie, y limpiarla por primera vez en años. Tenía tanta grasa en su superficie, que una cuchara se escondía bajo la misma, sin emerger. La música de Piero y el folklore adornaban el final de la estadía. “Si usted viera mi país, paisano, si usted lo viera como yo lo vi…“ rezaba la canción . Nuevamente éramos 4, y el cachorro.
A las 6 de la mañana siguiente, partimos hacia la cumbre del Pico Argentino, con unas estrellas increíbles y el cielo que comenzaba a aclarar. Hacía frío y los pies no se hundían en la nieve: solamente las puntas de los grampones arañaban la superficie helada. Recuerdo haber demorado 20 minutos para tensar las correas de los grampones, con las manos entumecidas por el frío. Subimos lentamente mientras el sol teñía las cumbres del Tronador. Solamente veíamos dos de ellas, el Pico Argentino y el Internacional, cubiertos de mucha nieve. El pico Chileno queda fuera del rango visual.
Nos montamos sobre el Filo de la Vieja, acordando que si uno caía por un lado del filo, el otro tendría más chance de detenerlo si se tiraba por el otro. No era una buena práctica, pero en una cordada de dos, no creíamos que fuésemos capaces de detener al otro en caída.
Ya era el mediodía, y nos dábamos cuenta que el ritmo de subida había sido muy lento. No iba a alcanzar el tiempo para hacer cumbre y bajar, ya con la nieve blanda, antes del anochecer. Nos pareció prudente desandar lo andado, y emprendimos el regreso a casa.
Fue una decisión costosa, porque implicaba asumir el fracaso de la cumbre, el final de la diversión, y el comienzo del regreso al refugio, a Bariloche, a la ciudad, a la colimba, al secundario. Pero no teníamos duda que era lo correcto, y nos dejaba la posibilidad abierta para intentarlo otra vez.
Unas horas más tarde pasamos por el refugio, cargamos el resto de nuestro equipo y corrimos –literalmente- por la picada hacia Pampa Linda, para lograr que alguien nos lleve de regreso a Bariloche. Creo que fue esa vez que una familia en un Mercedes Benz ( un lujo en esa época) nos llevó a Bariloche. Un par de días después estábamos nuevamente en la calurosa Buenos Aires.
Fue en ese filo, a solas con mi hermano Pedro, que descubrí lo mucho que me gustaba “el hielo”, la práctica de la escalada y travesías sobre glaciares y montañas heladas.
Tuve la oportunidad de hacer cumbre en el Pico Argentino, ascendiendo por la pared sur ( el pico de la derecha que se ve en la foto es el Argentino, justamente por la cara sur ) unos años más tarde, en 1987.
Éramos sólo 3 que combinamos un día libre de un campamento Scout ( esa vez yo iba de dirigente ) y habíamos armado la salida con ascensión al Refugio Meiling, un día libre, y luego seguir a Paso de las Nubes.
En esa oportunidad nos hidratamos desde el día anterior, nos fuimos a dormir todavía con el sol sobre el horizonte, y a las 2 de la mañana partimos hacia la cumbre. A las 5 de la tarde estábamos nuevamente en el refugio, empapados de sudor, y con una sonrisa indeleble: pasamos una hora en la cumbre y bajamos por la ruta Normal sin problemas hasta el refugio.
Al día siguiente nos quedamos jugando al truco casi cuatro horas, y volvimos a subir al Filo de Motte para cruzar hacia el Glaciar Frías, empalmando con Paso de las Nubes. Fue una caminata sobre el hielo muy descontracturada y placentera. Al final del día nos encontramos con los chicos que habían salido cuatro horas antes que nosotros del refugio, pero que estaban obligados a bajar al valle y volver a subir mientras nosotros hacíamos travesía por lo alto.
Las brasas del fogón, impensables un par de días antes, son algunas de esas cosas básicas que se extrañan a nivel molecular cuando se está sobre el hielo. Posiblemente el agua líquida entre en la misma categoría. Es difícil explicar ese universo en el que desaparece todo, excepto el aire ( y viento ) y el hielo ( y nieve ). Cuando la roca desaparece, no quedan ni el agua líquida, ni musgos, ni líquenes, ni insectos. Es un universo en el que vivimos de prestado.
No me extraña la simplificación de los elementos: tierra, agua, fuego, aire.
Pero cuando sólo quedan dos, es otra realidad. Y me gusta.


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jueves, 20 de octubre de 2011

Fases de la luna

42 días antes de la salida, y la mente se evade -de a ratos- pensando en los detalles...aunque algunos no están en nuestras manos!
Mike

lunes, 6 de diciembre de 2010

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domingo, 5 de diciembre de 2010

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